Reseña: El Laberinto del Fauno (2006), Guillermo del Toro
El Laberinto del Fauno (2006), Guillermo del Toro
La lucha guerrillera de la resistencia antifranquista es uno de los capítulos menos conocidos y más olvidados de la reciente historia de España. El problema que tenía el cine español, entre otros medios, durante el tiempo desde la Guerra Civil española hasta la muerte del dictador Franco, fue el fuerte control ideológico de la producción que hizo difícil para los productores transmitir su mensaje crítico. Cada obra que no presentó la historia española adecuadamente, es decir, como el régimen la quería representada, fue censurada. El proceso de la transición a la democracia con la muerte del dictador en 1975 marca, sin embargo, el cambio radical en cuanto al tratamiento de la guerrilla en el cine español: los maquis son tema principal en la películas, ya no representados de manera mala.
De todo esto resulta que el director mexicano Guillermo del Toro publica en 2006 una obra espectacular, dando a los maquis un papel central, incluso el papel de los ganadores. El Laberinto del Fauno es una de tres partes de la denominada Triología Española del director. Se trata de una película excelente sobre memoria que entrecruza la realidad con la fantasía. Los elementos fantásticos, en este caso, funcionan como vehículos para explorar y repetir radicalmente y creativamente el pasado y el trauma real de la guerra. Ocurriendo en dos espacios diferentes, un mundo real y un mundo fantástico, el espectador experimenta a través de la perspectiva de Ofelia (Ivana Banquero) cómo una niña ve el mundo cruel que la rodea y cómo intenta de refugiarse de este mundo. La realidad, sin embargo, la alcanza una y otra vez. La película también muestra dos otros espacios: el mundo de estado, controlado del capitán Vidal (Sergi López) y de su partido de falangistas, y el bosque, inhabitado de los maquis que no se lo hacen fácil a Vidal acabar con ellos.
La película obtuvo seis nominaciones a los Oscar, incluyendo una a la mejor banda sonora. Así, podemos decir que la música tiene un papel muy importante en la película, será para describir la inocencia y melancolía de Ofelia, o la crueldad de Vidal y los otros hombres fascistas. Cada personaje tiene un cierto tipo de música que lo escribe. Así, el compositor español, Javier Navarrete, logra incorporar la música en la obra de manera precisamente – cada escena está acompañada de un cierto tema que evoca exactamente las emociones que Del Toro tenía en mente para el espectador. Un papel muy importante en este caso tiene la nana de la ama de casa Mercedes (Maribel Verdú). Con este tema, en cual Mercedes tatarea una nana para Ofelia, Navarrete sugiere la inocencia de Ofelia, pero dentro de un contexto que es de todo menos inocente.
Al final, podemos decir que no es la narración sino más bien las imágenes estáticas y la música que transmitan lo mejor una impresión sobre la vida en la época posguerra española.
La frase final de la película muestra muy bien la gran influencia de la guerrilla española que dejó “pequeñas huellas de su paso sobre la tierra”. Así, invita a los espectadores, al mismo tiempo generaciones futuros, a rememorar dichas huellas que solamente se pueden apreciar por quien sepa “dónde mirar”. Podemos decir que el mensaje es evidente: no debemos olvidar los que tan caro pagaron por defender la Segunda República española. ¡Una película estupenda!



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